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Un día negro en una casa de mentira


Un día negro en una casa de mentira

Xavier Delory

2 – 31 de julio de 2015

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El verso de Louis Aragon que da título a esta exposición puede conectar las dos situaciones arquitectónicas en las que esta se articula. Dos tipologías con las que Xavier Delory (Bélgica, 1973) nos ofrece nuevas formas de arquitecturización artística hospedadas en un territorio en el que ensoñación y crítica coinciden. Si con “Villa Savoye. Pèlerinage sur la Modernité” reflexiona sobre un “nuevo” proyecto lecorbusiano que transpira el fracaso del movimiento moderno, con “Habitat” transforma en icono las consecuencias de una deficiente conducta constructiva contemporánea.

Charles Jencks fijó el momento de la demolición del inmueble Pruitt-Igoe (Saint Louis, Missouri) como la fecha de defunción de la arquitectura moderna, toda vez que el edificio no dio respuesta a las necesidades de los habitantes para los cuales había sido diseñado. El cuestionamiento al que fue sometido el movimiento moderno trascendía la necesidad de una renovación formal. Este es el punto de partida para esas otras lecturas que en los últimos tiempos se han llevado a cabo, entre otros, de los proyectos lecorbusianos, algunas de ellas situadas en el ámbito de lo surreal y la ruina. Racionalismo, surrealidad y vandalismo están más próximos de lo que parece en la “Villa Savoye” de Xavier Delory cuando indagamos en la misma siendo conscientes de determinados comportamientos arquitectónicos, artísticos y personales del autor de la mítica vivienda. Esta serie parece funcionar como revancha ante la “intromisión artística” o “vandalismo autorizado” (dibujos ya reproducidos en infinidad de libros de arte) que Le Corbusier llevó a cabo en las paredes de la casa E-1027 , obra de la arquitecta Eileen Gray, mientras esta se encontraba ausente, y que podemos incorporar a la batería de singularidades de ese otro Corbu, tales como la importancia que tuvo De Chirico en sus primeros dibujos, la destacada ausencia del ser humano en sus fotografías de interiores de los años 20, la ambigüedad de la terraza-jardín, o la “ruina fragmentada” en que convierte la vista del arco del triunfo de París desde la terraza del apartamento Beistegui. Las posibilidades del programa informático para manipular imágenes en manos de Delory convierten la mítica vivienda en una suerte de maison trouvé, que hace del vandalismo el elemento que activa la relectura de un monumento a la funcionalidad que no sirvió para hacer de este mundo un lugar mejor.

En la serie “Habitat”, nuevamente con ese tinte onírico que posibilitan las herramientas del PhotoShop y teniendo presente a algunos de sus referentes (la escuela de Düsseldorf , Ventury, Koolhas u Orwell), Delory indaga en el concepto de protección (el enemigo está ahí fuera observando) a la vez que reproduce una situación arquitectónica que transforma en icono, en un objeto precioso atemporal con el que el artista denuncia la proliferación en Bélgica de las clé sur porte, casas prefabricadas sin voluntad de integración en el hábitat natural en el que se insertan. Como avisaba Eileen Gray, la propietaria de la casa que sufrió el vandalismo “cubista-sexual” de un Le Corbusier desnudo: “una casa no es una máquina para vivir”.

Francisco Ramallo

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