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De lo que nos habla el arte


De lo que nos habla el arte

Antonio Labella,Pedro Peña,Ismael Lagares

14 de enero – 13 de febrero de 2016

Mientras disfrutábamos de una comida informal, surgida a raíz de una visita de Pedro Peña Gil y Antonio Labella al estudio de Ismael Lagares en Bollullos del Condado, entre copas de un alegre vino blanco de la zona, apareció en la mesa un plato típico del Bajo Guadalquivir, los calamares de campo. La extrema sencillez de su composición (fritura de cebolla, pimiento verde y gambas) y la agudeza de su nombre, nos incitó a comenzar una charla sobre el sortilegio de la representación. Las palabras que cruzamos iban mostrando los muchos espacios comunes de nuestras inquietudes creativas. Hablamos sobre cómo a un creador visual se le aparecen todas las cosas cuando está en su proceso de creación y del porqué este debe atravesarlas y abstraerse para que, con un solo gesto sobre la superficie, pueda sintetizar esa suma con el color y el dibujo. Coincidimos en nuestras aspiraciones creativas, puesto que en cada composición buscamos representar una prodigiosa parada que se renueva incesantemente. Conversamos sobre el arte y su desafío a las reglas del tiempo convencional, ya que el arte es un espacio donde se deshacen las costuras que separan el ayer/hoy/mañana. Pausadamente entramos en el tema del tiempo. Un tiempo que cada espectador debería arrebatar de la tiranía del consumo rápido para indagar en la materia y hacer que cada fragmento pictórico cobre vida desatando de nuevo todas esas cosas. Comentamos que las imágenes deben incitar algo parecido a una suerte de éxtasis de tiempo retenido en cualquier humilde detalle, como aquella magdalena de Proust, que activó la caprichosa memoria. La conversación avanzaba y fuimos espectadores de nuestras propias obras, compartimos la experiencia de crear y de consumir.

Nuestra charla continuó en el taller de Ismael Lagares, allí, expandimos el banquete. Copa de vino de la excelente uva zalema en mano, íbamos hablando de cómo la imagen crea un puente sobre un abismo que ella misma ha abierto en su relación con la realidad. Analizamos detalles de la obra de Ismael, reflexionamos sobre las caprichosas e inquietantes narrativas que sugieren sus hipnóticas composiciones. Brindamos por todos los desafíos al tiempo que se dan cuando desaparecemos en una experiencia estética y celebramos la importancia de estar delante de la obra para poder experimentar individualmente la expansión de los sentidos. Comentamos la importancia del revolucionario acto de potenciar dicha experiencia, para fortalecer nuestra posición crítica en un mundo donde se nos pretende convencer en la rapidez del consumo. Alguien, no recordamos quién, citó… cuando se patina sobre el hielo fino, la única salvación es la velocidad. ¿Por qué debemos cubrir la pista con hielo fino? Nos preguntamos.

El tiempo se posicionó en la cumbre de nuestras inquietudes y relacionamos nuestra obra según este patrón. Intercambiamos opiniones sobre nuestros trabajos. Comprobamos cómo Ismael Lagares, al cubrir la superficie pictórica con una gruesa y colorida masa, obliga al consumo visual a avanzar por la superficie lentamente y es ahí cuando comienza el juego de las apariciones. Materia y ritmo: un paisaje de contundentes gestos armonizados con el color donde el tiempo queda atrapado. Pedro Peña Gil habló de su nueva serie, una construcción de una poética visual que transita el abandonado teatro Cervantes de Tánger, un lugar en cuyas entrañas se macera, fuera del control de lo normalizado, un tiempo expandido. En esta obra Pedro derrama aleatoriamente tintes sobre la superficie pictórica para que tomen las formas que el tiempo caprichosamente compone. Posteriormente, mediante la fotografía, superpone las imágenes de ese lugar libre de la mano del hombre. La composición habla en un lenguaje pausado que emana ausencia y ridiculiza nuestras prisas. Labella, igualmente, presentó su exploración actual en torno a la humedad: narrativas basadas la mezcla de lenguajes enriquecidos por los formatos digitales a través de los cuales potenciar la materia y activar ese éxtasis del tiempo. La humedad puede hablar de los actos de relación más profundos, como el propio sexo, momentos donde el tiempo pierde peso y flota. Para ello, descompone la saliva, el semen, la lubricación, el sudor, las caricias que van dibujando con esa humedad caprichosos garabatos mientras nos exploramos… Forma imágenes con algunos detalles que obligan a la humedad a revelarse; detalles como el brillo o la expansión diluida del gesto.

Ausentes del devenir del tiempo, repasamos nuestras obras desde las similitudes. Compartimos un tiempo de palabras y emociones sobre aspectos del arte como espectadores y como creadores. Gracias a esa nutritiva e hidratada comida en una venta típica de Bollullos del Condado, nos planteamos reunir, en un mismo espacio, algunas de las obras que habíamos comentado. Decidimos experimentar reuniéndolas con el fin de darle forma a nuestra conversación. Para construir el diálogo visual cada autor ha elegido alguna obra de los otros dos autores, con el fin de simular el mismo ritmo de la conversación. La experiencia que proponemos se compone de un espacio lleno de la materia de donde emergieron las palabras de nuestra conversación, para así traducir lo que ese día nos dijo el arte. Experiencia que recomendamos efusivamente se dilate con algún encuentro entre copas y platos, palabras y risas. Pero sobre todo, con tiempo.

 

Ismael Lagares                    Pedro Peña Gil                   Antonio Labella

 

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